• Muerte
y enterramiento de Apaolaza
El 21 de junio de 1643 muere en Zaragoza y es enterrado en la capilla
de Nuestra Señora la Blanca en la Catedral de La Seo de Zaragoza.
Tiempo después, el 10 de noviembre de 1644, es trasladado el
cuerpo del Prelado a Moyuela para ser enterrado en la Iglesia Parroquial
de Nuestra Señora de la Piedad. Una gran multitud lo recibió
respetuosamente en su pueblo, participando en las solemnidades religiosas
que culminaron con el reconocimiento del cadáver y depósito
del sarcófago en el sepulcro que presidiría la estatua
orante del Arzobispo Apaolaza.
El sepulcro está hecho con ladrillo y revocado con yeso; se compone
de seis columnas corintias y salomónicas. Los entablamentos están
llenos de decoración, temas florales, calaveras y tibias.
Un largo Epitafio latino en el frontal del altar y retablo de su sepultura
recuerda los méritos y virtudes del eximio aragonés, Arzobispo
cesaraugustano, benefactor de la Universidad de Zaragoza y mecenas de
su lugar de origen.
La magnanimidad, liberalidad, piedad, patriotismo y celo del virtuoso
y elocuente predicador, aragonés ilustre, natural de Moyuela,
se extendió por todo el territorio hispano para pervivir con
su gloria a través de los siglos.
En desagravio a lo ocurrido en la Guerra Civil, el 8 de abril de 1945
se realizó un acto de Homenaje al Arzobispo Apaolaza, al que
asistieron en Moyuela representaciones de todas las autoridades de Zaragoza.
Tras la misa solemne, se colocó el retrato al óleo actual,
así como la urna conteniendo fragmento de uno de los dedos y
un guante.
• Retratos de Apaolaza
El Palacio Arzobispal guarda hoy el retrato de cuerpo entero de Don
Pedro Apaolaza que, probablemente, pintara Jusepe Martínez para
la Universidad después del óbito del Prelado, con elegante
elogio al Doctor Apaolaza.
El retrato de Apaolaza es de composición muy a la moda de entonces;
el personaje de pie, los cortinajes, la tela que cubre la sobreentendida
mesa en la que se apoya una mano del Arzobispo con actitud de magisterio
están bien resueltos así como el ropaje, en contraste
con la escasa fuerza del rostro. El escudo de armas en la parte superior
derecha del lienzo y lo escrito al pie del cuadro están trabajados
con virtuosismo. El conjunto proporciona la imagen de un hombre inteligente,
autoritario, severo.
El cuadro actual que se encuentra en el mausoleo de Apaolaza en la Iglesia
Parroquial de Moyuela, en el lugar en que originariamente se encontraba
una estatua orante del Arzobispo, resulta copia del que se encuentra
en al Galería del Palacio Arzobispal. Fue encargado por la Diputación
Provincial en 1943 y realizado por el becario de Pintura de la misma
Jesús Fernández Barrio.
• Escudo heráldico de D. Pedro Apaolaza
En el frontispicio del retablo sepulcro se labró el escudo heráldico,
con las Armas del linaje de los Apaolaza, que se componen del siguiente
modo:
“Escudo partido en faja con dos cuarteles arriba separados en
palo; el izquierdo con tres cabezas humanas tocadas de cintas, dispuestas
sobre campo de gules, y brazo armado empuñando banderola blanca
con cruz en gules, el derecho; abajo, cuartel en oro con un jabalí
en un color sobre el que monta un árbol en sinople y tres flechas
negras apuntando a un jabalí”.
Indicando la dignidad del personaje allí enterrado, los cordones
con borlas y capelo situado sobre óvalo cruz central blanca y
encima de rostro alado, completan el campo del escudo con adorno floral
a ambos lados.
La iglesia parroquial de Moyuela resulta, hoy día, lugar de permanente
recordatorio en Aragón de la insigne figura de D. Pedro Apaolaza
y Ramírez.
• El órgano para la Iglesia de Moyuela.
Fundaciones para música.
Don Pedro Apaolaza siempre tuvo presente a Moyuela y, sobre todo, un
permanente propósito de embellecer y enriquecer el templo parroquial
para mayor gloria de Dios, como testimonio de la amplitud de su recuerdo
y devoción a aquel entrañable lugar, habitado por parientes
y amigos.
Por ello, en Albarracín (Teruel), apenas transcurrido tiempo
corto de su entrada y toma de posesión de esta Sede Episcopal,
decide dotar a la Iglesia de Moyuela (Zaragoza) de un órgano
para que la música realce el culto divino y acompañe a
los cantos, oraciones y silencios de los fieles durante las celebraciones
religiosas así como ayude a crear una sensibilidad colectiva
que estimule a las futuras vocaciones por la música, nacientes
en la comunidad local.
A Mosen Joseph Lop, pariente de Juan Lop, de Moyuela y mayordomo del
Señor Obispo de Albarracín, encarga Don Pedro Apaolaza
resolver en Zaragoza todos los trámites necesarios para la realización
de la obra deseada cuyos pormenores le eran conocidos así como
la traza de la caja del órgano, que había firmado el canónigo
de la Iglesia de Santa María la Mayor y del Pilar de Zaragoza
Don Juan Domingo Briz, antes de que se redactara el oportuno documento
notarial.
De esta manera Mosen José Lop, designado procurador legítimo
del Prelado en virtud de escritura hecha ante el notario Martín
Pérez de Aliaga, el día 26 de abril de 1628, en la ciudad
de Santa María de Albarracín, en nombre de Don Pedro Apaolaza
pacta y acuerda con Martín Navarro Sesma, Maestro en hacer órganos,
y el escultor Antón Franco, los capítulos y condiciones
que habrían de respetar las partes y regir en la construcción
del órgano destinado a la iglesia parroquial de Moyuela.
El notario de la Ciudad de Zaragoza Juan Lorenzo de Escartín
testificaba el día 7 de mayo de 1628 el documento de capitulación
subscrito para constancia de aquel acto. En el mismo quedó reflejado
el deseo de Don Pedro Apaolaza de mantener en este órgano características
del trabajado por Guillaume de Lupe, en 1610, para la Santa Iglesia
de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza.
Los vecinos de Moyuela enterados de este regalo de don Pedro a la Iglesia
del lugar, cumplieron con generosidad las obligaciones pactadas (transporte
y posada).
La importancia de este órgano, cuyas melodías acompañaron
tiempos de alegría y de tristeza de muchas generaciones de lugareños,
se puede deducir de los adelantos de organería y registros que
tenía, exigidos al Maestro organero Martín Navarro de
Sesma y al escultor Antón Franco y consignados en el documento
notarial.
La persona designada organista, además de tocar el órgano
en las festividades propias de la Iglesia, estaba obligado a acompañar
con música las cuatro misas de celebración de Santa Ana,
cuya capilla o altar fundara Don Pedro de Apaolaza siendo Abad de San
Victorián.
A aquellos deberes debía sumar el organista el de enseñar
música, para lo que dejó el Prelado cien escudos de renta,
cargados sobre la Comunidad de Daroca.
Este órgano fue destrozado por la columna anarquista en el verano
de 1936, junto a otras acciones similares con retablos y archivos.
Componían el coro quince sillas de nogal y en él se hallaba
un buen retrato de D. Pedro Apaolaza, de cuerpo entero, admirado todo
ello y reseñado en los documentos de la visita pastoral realizada
en el año 1900. De estas sillas de alto respaldo y cabezales
tallados, actualmente se conservan nueve, teniendo la central de respeto
labrado el respaldo con labor de dibujo recordatorio de decoración
hispano musulmana.
• Retablos y pinturas para el templo parroquial de Moyuela
Mediado el siglo XVI, el templo parroquial de Moyuela tenía
en su interior, cubierto con bóveda de crucería estrellada,
cuatro retablos de pincel dedicados a San Juan, San Pedro, San Nicolás
y Santa Ana, además del Mayor de “pincel viejo”.
Posteriormente, en el Libro de Visitas de año 1565 se señalan
la existencia, en la parte del Evangelio, de un retablo so la invocación
de San Andrés, de una capilla con retablo de bulto dedicado a
la Magdalena, otro retablo de bulto de Santa Ana y otra capilla con
retablo de pincel de la Asunción de Nuestra Señora; y
en la parte de la Epístola, de una capilla del Salvador y otra
capilla de las Animas, haciendo mención también al retablo
Mayor, de pincel, so la invocación de Nuestra Señora.
Ampliado el templo de Moyuela –crucero y presbítero–
quedaron faltos de retablos acordes con las nuevas dimensiones y ordenación
del espacio interior la capilla mayor y las colaterales.
A esta necesidad se adelantaba Don Pedro Apaolaza corriendo con el gasto
de las pinturas y del retablo mayor de la parroquia, encargando éste
al escultor Miguel Pina, vecino de este Lugar, quien trabajaría
además “otras cosas en dicha Iglesia por cuenta de su Ilustrísima”,
según consta en el albarán que otorga ante el notario
público de Zaragoza Lorenzo Villanueva, el día 30 de marzo
de 1642, como pago por la obra hecha.
Con anterioridad, el pintor Pedro Urzanqui estaba trabajando en las
pinturas del retablo mayor, tras el oportuno encargo de Apaolaza.
Dicho retablo, elogiado por Antonio Ponz como de lo mejor que había
por estas tierras de Aragón, fueron admiradas por las generaciones
que vivieron o visitaron Moyuela, hasta su destrucción en la
Guerra Civil.

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