Nueva entrega de jotas populares que se cantan o han cantado en Moyuela tradicionalmente en las bodegas, peñas o junto al fuego del hogar en las largas noches de invierno.
Gracias a Raúl Soriano Lázaro por recopilar este conjunto de coplas.
Canto a la espiga del trigo,
canto al campo, canto al aire,
le canto a la libertad
como no le cantó nadie.
Cojo la vara y mi carro
y voy por la carretera.
No hay venta en que no me pare,
ni mujer que no me quiera.
Los ojos de mi morena
brillan como dos luceros
y la luna se enamora
cuando va de noche a verlos.
Eras tu la que decías,
¡dale fuego al chaparral!
y ahora que lo ves ardiendo
lo quisieras apagar.
El beso que tu me pides,
no te lo daré jamás,
si no vienes con el cura,
monaguillo y sacristán.
No te subas a la parra,
que te tendrás que bajar,
y "amás" de no coger uvas,
te puedes "estozolar".
Arrabal y Tenerías,
ya no te rondan chavales,
ya no se oirán las jotas que
cantaban nuestros padres.
El médico de mi pueblo
es hombre de gran talento,
si un enfermo no respira,
certifica que está muerto.
Tú eres la que le quitaste
a la manzana el color,
a las flores el aroma
y al lucero el resplandor.
Si me muero que me entierren
de una posturica buena.
C omo no es "pa" estarse un rato,
no es cuestión de estar con pena.
Si quieren saber señores,
mi nombre y el de mi hermana;
yo me llamo, yo me llamo;
y ella se llama, se llama.
Con la mano en las narices
pasa la gente ligera,
se deben pensar que llevo
contrabando en la "culera".
Átate bien los calzones,
que se te pueden caer,
y si los ve por el suelo,
se los pondrá tu mujer.
Subí la cuesta corriendo
por bailar y no bailé.
Perdí la cinta del pelo,
éste es el jornal que éche.

Yo conozco a una mocica
de mucha formalidad,
pues me dijo hasta mañana
y ya no la he visto más.
El "lumero" de mi casa
me "paice" que tiene duendes. Desde la calle es el seis
y desde el balcón el nueve.
Una niña muy coqueta
pidió novio a San Antonio
y el santo le contestó
"si bajo te arranco el moño".
Por lo mucho que te quiero,
gozas de verme penar;
tu me enseñaste a querer,
yo te enseñaré a olvidar.
En la tierra hay minas de oro,
y en el mar muchos corales;
y entre la tierra y el mar
no valen lo que tu vales.
Como quieres que la hiedra,
en el invierno se seque;
como quieres que yo olvide,
a quien he querido siempre.
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