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Última actualización: 06.12.2005
Funcionamiento de las neverías


Su funcionamiento comprendía las siguientes operaciones.

  • En primer lugar se colocaban capas aislantes de ramas pequeñas y paja para evitar el contacto de la nieve o el hielo con las piedras, que en verano estaban a mayor temperatura. Esto permitía ademas un buen drenaje de las condensaciones del hielo. En el fondo se colocaban unos maderos, a modo de mesa, separados del suelo por unos troncos.
  • En segundo lugar se traía nieve y hielo desde los lugares mas cercanos a las neveras y se apilaba junto a la puerta y a los huecos de las ventanas. Por ellos se introducía en los pozos y se prensaba y compactaba con un pisón de madera hasta conseguir un grosor de nieve de entre 40 y 50 centímetros.
  • Después se intercalaba un manto de paja que actuaba de aislante gracias a la cámara de aire de su interior, y que facilitaba posteriormente su partición.
  • Así se repetía el proceso hasta llegar a la puerta o ventanas superiores, que se cerraban y aislaban la nieve del exterior.

Explotación


Su explotación era regulada por los concejos. En el mayor de los casos eran propiedades municipales, que se arrendaban a particulares.

El arriendo comenzaba una vez convertida la nieve en hielo. El arrendador tenía la obligación de suministrar hielo, siempre que fuera para un enfermo, a cualquier hora del día o de la noche, fuese festivo o de labor, de ahí que algunos se quejaran de las bromas que les gastaban con frecuencia los vecinos mas juerguistas.

Era transportada en cántaros de barro y serones protegidos con helechos, en caballerías y en carros. El transporte se realizaba de noche para evitar que se perdiera la carga.

Aunque la distribución se realizaba durante todo el año, era entre mayo y octubre la época de más comercio.

La nieve se utilizaba para la elaboración de refrescos, horchatas y helados, para refrescar bebidas, conservar alimentos e incluso para remediar y ayudar en curas médicas de algunas enfermedades.

Esta costumbre se heredó de los árabes. El hielo se utilizó principalmente para bajar la fiebre en cualquier tipo de hipertermia, acompañando en muchos casos a las plagas de peste. Se utilizó también como antiinflamatorio y como yugulador de hemorragias. Su consumo era muy demandado por conventos, hospitales, cuarteles y numerosos particulares. A los enfermos se les regalaba.

En su mejor momento, el precio de la carga de nieve llegó a los cuatro reales en el siglo XVIII. Ya en el siglo XIX se inicia la decadencia de este tipo de negocio y los pozos dejaron de ser rentables aunque se conservaron por todo el territorio español.
La floreciente industria de la nieve dio empleo a mucha gente y originó una amplia red de intermediarios entre quienes recogían la nieve y los consumidores en las villas y ciudades:

  • estaban los «boleros» que recogían la nieve en los ventisqueros,
  • los «guardas» que vigilaban y controlaban las sacas de nieve de la sierra,
  • los «arrieros» que transportaban la nieve a las poblaciones,
  • los «neveros» que eran los encargados o propietarios de los pozos que vendían el hielo a los consumidores;
  • y los «arrendadores» de las Rentas Reales que cobraban los impuestos.


Texto extraido y adaptado de: ABADÍA, J., "La 'nevería' de Moyuela y los pozos de hielo", en El Gallico de Moyuela, 53. Zaragoza, 2004, pp. 3-8.

Fotografías de: J. Abadía, J.A. Abadía, L. Crespo,
F.J. Lozano y D. Sancho.

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Fig. 1. Algunos de los utensilios utilizados para trabajar con la nieve.

Fig. 2. Preparación del nevero para
recoger la nieve.