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| La
Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad de Moyuela |
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Inicialmente, en el interior tenía una sola nave cubierta con bóveda de crucería estrellada y probablemente ábside poligonal. En el siglo XVII se llevó a cabo una total renovación. Conserva hoy casi toda la nave central con su bóveda de crucería; mas hoy la cabecera es plana y se le añadieron dos naves laterales que probablemente serían las capillas de la vieja iglesia mudéjar. Estas naves laterales se cubren con bóveda de lunetos de eje normal al de la iglesia. Están separadas de la nave central por pilares cruciformes y tienen hondos nichos a modo de capillas. Hoy la iglesia tiene un gran crucero que se cubre con cúpula circular sobre pechinas, adornadas éstas con esculturas de los Evangelistas. De la misma manera se cubren los tramos contiguos de las naves laterales. La decoración de la iglesia es barroca, del siglo XVIII. Aparece en yeso resaltado con trazado geométrico de espejos, semiesferas y puntas de diamante. En esta iglesia se conserva el sepulcro del Arzobispo de Zaragoza, D. Pedro de Apaolaza, que era hijo de Moyuela y gobernó la Archidiócesis en tiempo de Felipe IV. El sepulcro está hecho con ladrillo y revocado con yeso. Se compone de seis columnas corintias y salomónicas. Los entablamentos están llenos de decoración, temas florales, calaveras y tibias. Este sepulcro es del siglo XVII. Durante la guerra civil (1936 a 1939) las pérdidas en la Iglesia fueron irreparables: retablo mayor y colaterales, órgano, archivos, imágenes, ornamentos. Ponz cita el retablo mayo y dice que en arquitectura y pintura era de lo mejor que se podía encontrar por estas tierras. En la postguerra se realizaron diversas actuaciones, destacando el nuevo altar mayor, de alabastro, colocado en los años 50, con dos cuerpos, que vino a llenar el vacío que dejó el monumental retablo del siglo XVII. En el primer cuerpo está colocado el Sagrario y el segundo recoge el grupo de la Piedad con la Virgen y Jesús tras el descendimiento de la Cruz, de gran expresividad y belleza. Las últimas restauraciones (finales del siglo XX) en el último piso de la torre y en las cubiertas han mejorado los tejados, aleros y cúpulas, dando mayor luminosidad al interior, que combina la monumentalidad del conjunto con la sobriedad, paz y tranquilidad que inspira, así como el sabor y recuerdo de su riqueza artística, musical y espiritual, que todavía pueden apreciarse. |
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Planta de la iglesia de Ntra. Sra. de la Piedad. |
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